VICTORIA SOBRE LAS FORTALEZAS MATRIMONIALES

El matrimonio de muchas parejas no parece haber sido celebrado por un juez de paz, sino por un ministro de guerra. Su relación no es una sociedad de mutua admiración; sino de mutua aniquilación. En consecuencia, la tasa de divorcio se ha elevado, no sólo en la sociedad secular, sino también en el Cuerpo de Cristo. Nuestra nación está atrapada en una epidemia de divorcio en el que cada vez más parejas renuncian al matrimonio.

Sabemos que hay fortalezas matrimoniales cuando los cónyuges regresan todos los días a un hogar desdichado. Es una fortaleza cuando discuten desde que se levantan hasta que se acuestan a dormir en la noche. Es una fortaleza cuando, después de muchos años o décadas, usted mira a su cónyuge y ve a un extraño que también lo mira. Es una fortaleza cuando dos personas que comprometieron sus vidas el uno para con el otro, ni siquiera se soportan. Esto va mucho más allá que las diferencias de personalidad. Las diferencias ya existían cuando los dos se conocieron. No aparecieron simplemente después de la boda. Estas diferencias se enfrentaron y se vencieron de antemano, porque la meta ─el matrimonio─ era suficientemente importante para hacerlo.

El divorcio a menudo ocurre como resultado de una fortaleza en la manera de ver el matrimonio. La mayoría de la gente ve el matrimonio como una manera de encontrar amor, felicidad y compañía. Estas cosas son buenas, pero son secundarias para el propósito primario del matrimonio. Comenzamos a vencer las fortalezas matrimoniales cuando entendemos el propósito del matrimonio. Dios no instituyó el matrimonio solo porque estaba buscando otra cosa para hacer. Dios creó al matrimonio como una de las herramientas principales para cumplir con el destino diseñado por Él para su vida y el avance de su reino.

Satanás fue la causa del primer conflicto matrimonial de la historia cuando indujo a Adán y a Eva para que se rebelaran contra la palabra de Dios, como lo vemos en Génesis 3:1-6. Esto condujo a la culpa, el dolor, la batalla de los sexos y la rivalidad entre hermanos. El conflicto matrimonial es en realidad un problema espiritual.

El punto de vista de Dios
El matrimonio es la unión de pacto diseñada para enriquecer y fortalecer la capacidad de los dos compañeros de llevar a cabo el plan de Dios en sus vidas. Leemos sobre este pacto en el libro de Malaquías.

“Una y otra vez cubren de lágrimas el altar del Señor. Lloran y gritan, pero el Señor no volverá la mirada para ver sus ofrendas, ni las aceptará con gusto. ¿Y se preguntan por qué? Pues porque el Señor ha visto que has sido desleal con la mujer de tu juventud, con tu compañera, con la que hiciste un pacto” (Mal. 2:13-14 RVC).

Las fortalezas espirituales aparecen en nuestro matrimonio cuando no reconocemos que el matrimonio es un pacto o ni siquiera comprendemos qué es un pacto. Para quebrar las fortalezas matrimoniales, necesitamos realinear nuestros pensamientos conforme al punto de vista de Dios sobre el pacto matrimonial.

La solución de Dios
Los pactos bíblicos son acuerdos legales vinculantes espiritualmente, que Dios hace entre Él y su pueblo. Cada pacto contiene cinco facetas: trascendencia (el gobierno de Dios), jerarquía (los lineamientos establecidos por Dios), ética (las reglas de Dios para el cumplimiento del pacto), sanciones (las bendiciones y maldiciones anexas a las reglas) y continuidad (la herencia del pacto a largo plazo).

De modo que los pactos nunca pueden funcionar, según lo previsto, sin la gestión gobernante de Dios. Cuando se descarta el punto de vista y la autoridad de Dios en la relación de pacto matrimonial, se abre la puerta para que Satanás destruya el hogar. El matrimonio es un pacto sagrado, no sólo un contrato social.

Una de las reglas para entender la Biblia se llama “ley de la primera mención”. Esto significa que si usted quiere saber lo que Dios dice sobre algo, debe estudiar la primera vez que lo menciona. Todo lo demás extenderá o ampliará la mención original. Así que, para profundizar en el punto de vista de Dios sobre el matrimonio así como también en su solución para vencer las fortalezas matrimoniales, necesitamos ir al libro de Génesis, donde Dios estableció la idea del matrimonio.

Primero, Dios creó a la humanidad a su imagen, y luego dijo: “Que dominen”. En esa declaración, Dios permitió a la humanidad el ejercicio del dominio y la autoridad en la tierra sobre su creación. Esto no significa que Dios haya renunciado a su soberanía. Él ha mantenido una base de límites en su soberanía, que el hombre no puede pisar; pero, a la misma vez, nos permitió tener un campo de acción en el que usted y yo podamos tomar decisiones y luego asumir las consecuencias de la sabiduría o insensatez de esas decisiones.

Usted puede tener un matrimonio satisfactorio o no, basado en la premisa de si refleja o no la imagen de Dios conforme a la cual fue creado. La salud del hogar depende de que cada uno de los cónyuges refleje fielmente a Dios y su carácter en su rol de esposo o esposa. Cada vez que hay una crisis matrimonial, uno o ambos cónyuges ha dejado de vivir una vida que refleje el gobierno de Dios a través de ellos.

Lo que Satanás quiere que hagamos es entregarle el gobierno a él o que gobernemos mal conforme a nuestro propio punto de vista. Una de las razones por las que hace esto es porque la crisis del hogar deriva en una crisis en la sociedad. Gran parte de la realidad negativa de nuestra sociedad de hoy puede deberse directamente al fracaso de los matrimonios y las familias en reflejar genuinamente el gobierno de Dios. La rebelión que se introdujo por primera vez en el huerto ha hecho que el caos remplace la calma, la muerte remplace a la vida, y las presiones remplacen la paz; no sólo en nuestros hogares sino también en la comunidad. El propósito del matrimonio va mucho más allá que la simple relación entre dos personas.

En un pacto matrimonial, la primera verdad que se debe reconocer es que hay más de dos individuos que entran al pacto. El esposo y la esposa entran al pacto cuando contraen matrimonio, pero entran junto con Dios. La clave para vencer las fortalezas matrimoniales es reconocer la presencia de Dios en la unión y funcionar a la luz de su presencia. Es la unión de espíritu a espíritu mediante la presencia constante del Espíritu Santo lo que permite a los cónyuges obtener la victoria en su matrimonio.

Como hemos visto, estamos compuestos de cuerpo, alma y espíritu. La atracción física ─nuestro cuerpo─ puede que sea el elemento inicial para unir a dos personas, pero se desvanecerá. Nuestra alma, debido a su distorsión por el pecado y las circunstancias, a menudo provoca el conflicto o intenta manejar la relación, no la unidad. De modo que la victoria sobre las fortalezas matrimoniales se localiza primeramente en el espíritu. Cuando el Espíritu Santo se une a nuestro espíritu y cada uno de nosotros se acerca más a Dios, Él nos hace uno solo. Usted no puede dejar a Dios en el altar y esperar tener un buen matrimonio. Hoy día muchas personas se casan en el cuerpo (atracción), o se casan en el alma (compañía); pero pocos se casan en el espíritu (unidad). Cuando viven su matrimonio como compañeros de espíritu, pueden vencer cualquier problema que surge en el cuerpo o el alma.

Una razón por la que aparecen muchas fortalezas en los matrimonios de hoy, y muchos quieren el divorcio, es porque, para empezar, nunca se casaron correctamente: en unidad espiritual. No comprendieron la verdad fundamental que se encuentra en Génesis 2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24). El problema comienza cuando dos personas no quieren ser una sola carne. Sino en cambio, quieren seguir siendo dos carnes en un hogar.

De hecho, cuando le preguntaron a Jesús sobre el tema del divorcio, hizo referencia al principio de ser “una sola carne” en su respuesta. Lo interesante es que, a primera vista, su respuesta no contestaba directamente la pregunta; porque ésta había sido si estaba bien divorciarse o no. Leemos en Marcos 10:2: “Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer” (Mr. 10:2). En otras palabras, si las personas piensan tener razones suficientes para divorciarse, ¿pueden divorciarse? ¿Pueden dar por terminado su matrimonio?

Jesús no tuvo una respuesta afirmativa o negativa. Sino que simplemente dijo que habían hecho la pregunta equivocada. Si usted entiende la naturaleza, el propósito y el pacto del matrimonio ─y si funciona acorde al mismo─ no haría falta discutir esa pregunta. Cuando llegan a ser “una sola carne”, los dos se complementan tan profunda e íntimamente, que llegan a ser uno uno sin perder la identidad personal de cada uno.

Quisiera darle una palabra que puede devolverle la vida a su matrimonio si los dos lo toman en serio. Si tan solo se rigen por una palabra, les garantizo por la autoridad de la Palabra de Dios, que lograrán vencer sus fortalezas matrimoniales. La palabra es gracia. La mayoría de los matrimonios de hoy en día, se rige bajo la ley: debe hacer esto o debe hacer lo otro. Pero la ley mata. Para que un matrimonio prospere, debe regirse por la gracia.

Efesios 5 nos enseña esta verdad:
“Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella… Así también los esposos deben amar a sus esposas como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo… Por lo demás, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo; y ustedes, las esposas, honren a sus esposos” (Ef. 5:25, 28, 33 RVC).

Esta verdad lo cambiará todo. ¿Es usted esposo? Debe morir por su esposa en un espíritu de gracia. ¿Es usted esposa? Debe vivir por su esposo en el mismo espíritu. Cuando se cumple este principio, hay una experiencia dinámica en el matrimonio. Tal vez no sea una experiencia perfecta y libre de problemas, pero es una unión genuina, progresiva y completa.

Para el esposo
Entonces, ¿qué significa morir por su esposa así como Cristo se entregó a sí mismo por la iglesia? Significa poner a sus sueños, voluntad, deseos y elecciones en segundo lugar por el amor verdadero a su esposa. El amor bíblico puede definirse como buscar el bien del otro, aunque sea costoso para usted. Esta clase de amor coloca el bienestar de su esposa por encima de su propio bienestar. Significa verla por el mismo lente de amor con el que Dios la ve.

Si usted ve a su esposa solo como la que cría a los niños, lava la ropa, organiza su vida y cocina, entonces lo que usted ve es una criada. Dios ha diseñado a la mujer de manera única con habilidades y aptitudes que deben utilizarse para enriquecer sus propias habilidades y aptitudes masculinas.

Cuando ella cree que usted la valora y lo experimenta, ella responde a sus necesidades sin que sea una ley o una exigencia. La mujer fue hecha para responder, el hombre es responsable de crear el entorno adecuado en el hogar mediante un liderazgo que demuestre un amor sacrificial que haga que ella responda a él.

Ahora bien, sé que usted sabe cómo hacer esto, porque lo hizo cuando eran novios. El problema es que muchos hombres se ponen de novio para casarse, en vez de casarse para estar de novios. Esto es ir en la dirección opuesta. ¿Cuándo fue la última vez que tomó a su esposa en sus brazos y simplemente le dijo: “Lo mejor que hice en la vida fue casarme contigo”? ¿Cuándo fue la última vez que tomó su rostro entre sus manos y le dijo: “Tú eres mi vida”? ¿Cuándo fue la última vez que le mandó una tarjeta del día de los enamorados fuera de esa fecha? ¿O cuidó a los niños, la escuchó cuando hablaba, la acompañó en su dolor, reconoció sus habilidades, sus sueños, sus sufrimientos y su vida?

¿Cuándo fue la última vez que realmente sacrificó algo por ella? Una vez, un hombre me dijo: “Tony, mi esposa me está matando”. Yo contesté: “Bueno, dijiste que querías ser más semejante a Cristo, ¿no es cierto?” La clave para que el hombre venza sus fortalezas matrimoniales es amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia.

Para la esposa
Su rol como esposa es igual de poderoso. Tenga en cuenta que en ningún lugar de la Biblia se le ordena a la mujer que ame a su esposo. Dios espera que ame a su esposo, pero nunca se le manda como se le manda al hombre que ame a su esposa. ¿Por qué? Porque no es lo que su esposo más necesita. Lo que su esposo más necesita es respeto. Su esposo debería sentirse como un rey cuando está con usted; como estar en la cima del mundo. Él debe escuchar que él es una torre fuerte para usted. Él es su cabeza, y el rol de usted es someterse a él como su cabeza. Esto no significa que usted acepte ser humillada o que tenga que estar de acuerdo con todo lo que él haga. La sumisión significa que, aunque usted no esté de acuerdo con su opinión, respeta su posición.

Y, por supuesto, usted nunca debe someterse a algo que contradiga la voluntad revelada de Dios en su Palabra, pero rara vez es el caso. A pesar de las diferencias en la educación, aptitudes y preferencias, cuando su esposo busca alinearse bajo Dios y su liderazgo, él es su cabeza y debe ser el receptor de su más grande respeto.
Amor y respeto, ofrecidos en gracia. Cuando las dos partes cumplen con estos principios, el matrimonio ya no está bajo la influencia de una fortaleza espiritual, porque los dos se sostienen en fortaleza mutua.

Póngase la armadura de Cristo
Día uno
Vístase
El cinturón de la verdad. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24).
Revístase de Cristo. “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20).
Confiésela
La Palabra de Dios dice que ahora que estoy casado, no he de seguir pensando de mí como una persona independiente. Sino que ahora me he unido a mi compañera, y los dos hemos llegado a ser una sola carne. De manera que Jesucristo está presente en medio de nosotros cuando operamos y funcionamos como una sola carne en su nombre.
Úsela
Satanás, he dejado a mi padre y a mi madre, y ahora estoy unido a mi cónyuge. Ya no funciono de manera individual; ahora soy una sola carne con mi cónyuge. Estamos unidos en el nombre de Cristo. Cuando nos atacas, lo atacas a Él, porque Él está en medio de nosotros. Él ya te derrotó; así que, estamos seguros en su victoria sobre ti.
Ore
Padre celestial, cuando nos casamos, tú dijiste que ya no seríamos dos individuos, sino una sola carne. Permite que el poder de la unión de nuestra carme en el nombre de Jesús, se manifieste en nuestra manera de pensar, de comportamos y de tratamos uno al otro para que seas glorificado por medio de esta unión.

Día dos
Vístase
La coraza de justicia. “Así también ustedes, las esposas, respeten a sus esposos, a fin de que los que no creen a la palabra, puedan ser ganados más por la conducta de ustedes que por sus palabras, cuando ellos vean su conducta casta y respetuosa” (1 P.. 3:1-2 RVC). “Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella… Así también los esposos deben amar a sus esposas como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa, se ama a sí mismo… Por lo demás, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo; y ustedes, las esposas, honren a sus esposos” (Ef. 5:25, 28, 33 RVC).
Revístase de Cristo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla. Él la purificó en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante (Ef. 5:25-27 RVC).
Confiésela
Confieso que como esposa, he de someterme a mi esposo, para que si él no obedece la Palabra, sea ganado sin palabra por mi conducta, cuando él vea mi conducta casta y respetuosa.
Confieso que como esposo, he de amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, e incluso como amo a mi propio cuerpo. He de alentarla y valorarla, así como Cristo lo hace con la iglesia para santificarla y purificarla en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante.
Úsela
Satanás, ya no tienes autoridad para influir en mis decisiones, porque como esposa, estoy sujeta a mi esposo, aunque él no obedezca la Palabra, para que él sea ganado sin palabras por mi conducta, cuando él vea mi conducta respetuosa y casta.
Satanás, no tienes autoridad para distraerme de mi rol como esposo de amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, así como incluso amo a mi propio cuerpo. Con la fortaleza de Dios, la voy a alentar y valorar, así como Cristo lo hace con la iglesia para santificarla y purificarla en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante.
Ore
Padre celestial, ayúdame como esposa a someterme a mi esposo, para que aunque él no obedezca la Palabra, sea ganado sin palabra por mi conducta, al ver mi conducta casta y respetuosa.
Y Padre, ayúdame como esposo a amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, así como incluso amo a mi propio cuerpo. Ayúdame a alentarla y valorarla, así como Cristo lo hace con la iglesia para santificarla y purificarla en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante.

Día tres
Vístase
El calzado de la paz. “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol” (Ec. 9:9).
Revístase de Cristo. “Que la gentileza de ustedes sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca” (Fil. 4:5 RVC).
Confiésela
Confieso que disfrutaré la vida con mi esposa, a quien amo, todos los días de mi vida bajo el sol, porque esta es mi parte en la vida. Y dejaré que mi gentileza sea conocida por todos, porque el Señor está cerca.
Úsela
Satanás, no tienes ninguna autoridad para distraerme de disfrutar la vida con mi esposa, a quien amo, todos los días de mi vida bajo el sol, porque esta es mi parte en la vida. Yo reprendo cada intento que hagas en el nombre de Jesús. Dejaré que mi gentileza sea conocida por todos, porque el Señor está cerca.
Ore
Padre celestial, dame sabiduría sobre cómo debo disfrutar la vida al máximo con mi esposa, a quien amo; porque tú dices que esta es mi parte en la vida. Enséñanos a maximizar esta alegría de una manera que nunca imaginamos. Permite que la gentileza sea una norma en nuestra relación, porque tú estás cerca.

Día cuatro
Vístase
El escudo de la fe. “Porque así era la belleza de aquellas santas mujeres que en los tiempos antiguos esperaban en Dios y mostraban respeto por sus esposos. Por ejemplo, Sara obedecía a Abrahán y lo llamaba señor. Y ustedes son sus hijas, si hacen el bien y viven libres de temor.
De la misma manera, ustedes, los esposos, sean comprensivos con ellas en su vida matrimonial. Hónrenlas, pues como mujeres son más delicadas, y además, son coherederas con ustedes del don de la vida. Así las oraciones de ustedes no encontrarán ningún estorbo” (1 P. 3: 5-7 RVC).
Revístase de Cristo. “Me llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre mí fue amor” (Cnt. 2:4).
Confiésela
Confieso que como esposa, soy bella al esperar en Dios y someterme a mi esposo, así como Sara obedeció a Abraham, al llamarle Señor. Confieso que soy su hija porque hago el bien y vivo libre de temor.Confieso que como esposo, haré todo el esfuerzo para vivir con mi esposa de una manera comprensible, como con alguien delicada, porque ella es una mujer. La honraré, como coheredera del don de la vida, y de esta manera mis oraciones no encontrarán ningún estorbo. Confieso que Jesucristo nos llevó a la casa del banquete, y su bandera sobre nuestro matrimonio es amor.
Úsela
Satanás, tenemos una bandera de amor sobre nosotros en Jesucristo. En este amor, escojo como esposa esperar en Dios en vez de escucharte, y escojo someterme a mi esposo libre de temor, como Sara obedeció a Abraham al llamarle Señor.
Satanás, como esposo, escojo demostrar paciencia y comprensión para con mi esposa, porque como mujer es más delicada. Tus intentos de hacer que deshonre a mi esposa con mis pensamientos o acciones no funcionarán porque en Cristo, honraré a mi esposa como coheredera del don de la vida. Y debido a esto, mis oraciones no encontrarán ningún estorbo.
Ore
Padre celestial, como pareja te pedimos que nos reveles la abundancia de tu amor, que nos diste en la casa del banquete. Permite que el amor encontrado en tu bandera sobre nosotros fluya del uno hacia el otro.
Como esposa, te pido que apartes cualquier temor que tenga de someterme a mi esposo y ser como Sara, que obedeció a Abraham sin temor y le llamó Señor.
Como esposo, te doy gracias por darme la sabiduría de vivir con mi esposa de una manera comprensible. Ayúdame a verla como tú la ves y honrarla en tu nombr

Día cinco.
Vístase
El yelmo de la salvación. “La mujer virtuosa es corona de su marido” (Pr. 12:4). “En fin, únanse todos en un mismo sentir; sean compasivos, misericordiosos y amigables; ámense fraternalmente y no devuelvan mal por mal, ni maldición por maldición. Al contrario, bendigan, pues ustedes fueron llamados para recibir bendición” (1 P. 3:8-9 RVC).
Revístase de Cristo. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13).
Confiésela
Confieso que en mi matrimonio he de ser de un mismo sentir, compasivo, misericordioso y amigable en espíritu; no debo devolver mal por mal, ni maldición por maldición. Al contrario, he de bendecir; pues fui llamado para recibir bendición. Porque nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por su esposa.
Úsela
Satanás, una excelente esposa es corona de su marido. Y he de ser de un mismo sentir, compasiva, misericordiosa y amigable en espíritu; no he de devolver mal por mal, ni maldición por maldición. Al contrario, he de bendecir; pues fui llamada para recibir bendición.
Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Ore
Padre celestial, tu Palabra me dice que una excelente esposa es corona de su esposo. Y debemos ser de un mismo sentir, compasivos, misericordiosos y amigables en espíritu; no debemos devolver mal por mal, ni maldición por maldición. Al contrario, debemos bendecir; pues fuimos llamados para recibir bendición. Ayúdame a demostrar que nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por su esposa.

Día seis/fin de semana
Vístase
La espada del Espíritu. “Y los bendijo Dios con estas palabras: ‘¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la tierra! ¡Domínenla! ¡Sean los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos, y de todos los seres que reptan sobre la tierra!’” (Gn. 1:28 RVC).
Revístase de Cristo. “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado” (2 Cor. 3:14).
Confiésela
Confieso que Dios ha bendecido nuestro matrimonio, mandó que nos reproduzcamos y multipliquemos, que llenemos la tierra, que la dominemos, que seamos los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos y de todos los seres que reptan sobre la tierra. De cualquier manera que Él disponga, confiamos que Él abastecerá a nuestra familia, y nos dará sabiduría para ejercer el dominio que nos ha dado en este reino, no con nuestro entendimiento que fue embotado, sino con una mente renovada en Cristo.
Úsela
Satanás, resistimos cualquier intento que hagas de destruir nuestro matrimonio, porque Dios declaró que lo ha bendecido y mandó que nos reproduzcamos y multipliquemos, que llenemos la tierra, que la dominemos, que seamos los señores de los peces del mar, de las aves de los cielos y de todos los seres que reptan sobre la tierra. Jesucristo ha quitado el dominio de tus manos y ahora nos da sabiduría para ejercer el dominio que nos ha dado en este reino, no con nuestro entendimiento que fue embotado, sino con una mente renovada en Cristo.
Ore
Padre celestial, gracias por bendecir nuestro matrimonio. Gracias por esta seguridad, pues tú al habernos mandado que nos reproduzcamos y multipliquemos, que llenemos la tierra y que la dominemos, nos darás la sabiduría y capacidad para hacerlo. Te alabamos pues no permitiste que nuestro entendimiento permaneciera embotado, sino que lo has renovado y restaurado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

(Tomado del libro “Victoria en la guerra espiritual” por Tony Evans, capítulo 12)