LA PORNOGRAFÍA EN EL MATRIMONIO CRISTIANO

Por Ritchie y Rosa Pugliese

En una cultura donde se menoscaba e incluso se ridiculiza la fidelidad matrimonial, el matrimonio cristiano, que desea vivir en pureza sexual, parece ir contra la corriente. Sin embargo, Dios creó el matrimonio con el fin de que sea el marco apropiado para la actividad sexual y para manifestar la gloria de Dios en la tierra a través del pacto matrimonial.

Los cristianos deben ver el matrimonio como un pacto inviolable hecho delante de Dios y los hombres. Y, bajo ningún motivo, deberían avergonzarse de hablar de sexo, porque forma parte de la creación de Dios. Si después de haber creado todo, Dios dijo “que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31), ¿por qué los cristianos son reticentes a hablar sobre este tema? Evadir el tema es menospreciar uno de los regalos de la creación de Dios.

Por otro lado, no hacer un uso correcto de este regalo de Dios es ir en contra del designio divino para el sexo dentro del marco matrimonial.

Uno de los usos incorrectos del sexo es la pornografía. Y es uno de los problemas que más surgen en las consultas de consejería matrimonial. No todos se atreven a hablar de este problema, que afecta a hombres y mujeres de todas las edades (aunque el hombre tiene más predisposición a caer en ella). Quizás algunos por vergüenza, porque internamente algo les dice que no está bien. Y quizás otros porque piensan que puede ayudarles a mejorar la vida sexual de su matrimonio. Sin embargo, está comprobado que, a la larga, no mejora las relaciones sexuales, sino todo lo contrario, atenta contra el vínculo matrimonial.

Muchas personas tienen una falsa idea de lo que representa el sexo en la relación matrimonial. Aunque el placer físico es el aspecto obvio de la relación sexual, no podemos separar el aspecto emocional del aspecto físico de la relación sexual. Dios creó al hombre y a la mujer con la necesidad de satisfacerse mutuamente en una relación de pacto que se consuma cuando se unen en una sola carne “y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno” (Marcos 10:8).

Cuando Dios dijo que el hombre y la mujer serían “una sola carne” se refería a una entrega abnegada en la que cada uno se olvida de sí mismo y está atento a las necesidades del otro para deleitarlo y complacerlo, hasta que finalmente ambos alcancen un clímax de placer sexual. Por el contrario, cuando uno de los cónyuges o ambos miran pornografía, ninguno está pensando en el otro, sino solo en satisfacerse a sí mismos.

Hace años se ha generalizado en la sociedad la expresión “hacer el amor” para referirse a la relación sexual entre un hombre y una mujer que se aman. Pero si los cónyuges no siguen la instrucción bíblica para el matrimonio y el sexo, podrían “deshacer el amor” y caer en una forma de infidelidad. ¿Por qué? Porque el hombre y la mujer que miran pornografía están reproduciendo en su mente las imágenes que ven. De modo que cuando están teniendo una relación sexual con su cónyuge, en realidad, no están compartiendo el acto sexual el uno con el otro, sino con la mujer o el hombre de las imágenes que ven cuando miran pornografía.

Sin temor a equivocarnos podemos identificar la pornografía como un acto de lujuria o codicia a lo cual Jesús se refirió en Mateo 5:27-28: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.

Cuando el hombre y la mujer se acostumbran a depender de estas fantasías sexuales, pronto descubren que son insuficientes, y que para excitarse necesitan más fantasías u otro tipo de estímulos. Esto se debe a que la pornografía se ha convertido en la esencia de su interés y excitación sexual y no en la expectativa legítima de satisfacerse mutuamente, cuando la Palabra advierte: “A causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:2–4).

El Dr. Albert Mohler da la siguiente definición sobre este problema que aqueja a muchos fuera y dentro de la iglesia: “La pornografía es una calumnia en contra de la bondad de la creación de Dios y la corrupción de este don bueno que Dios ha dado a sus criaturas como reflejo de su propio amor y entrega. Abusar de este don es debilitar, no sólo la institución del matrimonio, sino la fibra de la civilización misma. Elegir la lujuria por encima del amor es rebajar a la humanidad y adorar al falso dios Príapo (el dios de la masculinidad según la mitología griega) en la forma más descarada de la idolatría moderna”.

Desde la pubertad hasta el final de sus días, todo hombre luchará con la lujuria, porque forma parte de su naturaleza humana. Por tanto, no debemos juzgar al que lucha con la pornografía, sino comprenderlo y ayudarlo a ser libre.

Sugerencias practicas:
Para ser libre de la adicción a la pornografía es necesario tomar medidas prácticas en contra de esta adicción. Dice la Biblia: “Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno” (Mateo 5:29-30).

Desde luego que no te estamos incitando a cortarte el ojo, pero hay cosas que puedes “cortar” de tu vida.

1. En primer lugar, no te quedes pasivo, sino actúa ante la tentación. Es nuestra responsabilidad decir que no o ceder a la tentación.

2. Evita los lugares o momentos donde puedas ser tentado a mirar pornografía. Quizás debas proponerte no quedarte solo frente a tu computadora o utilizar algún sistema de bloqueo para sitios prohibidos. O quizás debas retirar la televisión de tu dormitorio para no caer en la tentación de mirar alguna película con imágenes de sexo explícito. A veces mantenerse lejos es un buen remedio.

3. Disfruta los momentos sexuales con tu cónyuge sin incentivos (películas o imágenes pornográficas). El mayor incentivo es la persona que está a tu lado. La excitación genuina proviene del amor del uno por el otro y la libertad y desinhibición que pueden disfrutar en los momentos íntimos.

4. La vida sexual no está enfocada en el sexo opuesto, sino en la persona (cónyuge) con la que somos uno en la intimidad sexual. De lo contrario, lo único que disfrutaremos será un buen momento de placer físico, pero no experimentaremos la satisfacción sentimental y espiritual conforme al propósito de Dios.

Puede que además de las sugerencias que acabamos de darte, debas tomar otras medidas prácticas para no caer en la tentación, y tú sabrás cuáles son esas medidas para ti. Pero lo más importante es que des el primer paso y decidas ser libre en lo profundo de tu corazón, para que “el mismo Dios de paz [te] santifique por completo; y todo [tu] ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).