LA ORACION QUE LLEGA AL TRONO DE DIOS – Lección 3 –

3.
LA ORACIÓN QUE BUSCA A DIOS

Mateo 7:7 dice:
“Pedid y se os dará; buscad, y hallareis; llamad y se os abrirá.”

En esta lección hablaremos sobre el segundo nivel de la oración eficaz que llega al trono de Dios: Buscar.

Dijimos en la lección pasada que la oración del primer nivel, pedir, era considerada la oración mas infantil o principiante, que todo cristiano fiel puede practicar. Dios es un Dios de crecimiento y desarrollo y quiere que avancemos a un nuevo nivel espiritual.

La palabra “buscar”, implica tomar la iniciativa y determinación para encontrar algo.

Hace muchos años la famosa “fiebre del oro” originó que miles y miles de personas vendieran todo lo que tenían, con la decisión de ir a buscar el valioso metal amarillo. Muchos pagaron con sus vidas la búsqueda del oro, otros contrajeron severas enfermedades en el trayecto, pero aun así, la decisión de ellos era no volver con las manos vacías.

Si para las cosas materiales podemos tener tal determinación, Dios espera que para las cosas espirituales tengamos esa misma clase de iniciativa y determinación. ¡Voy a salir a buscar y lo voy a encontrar!

Ahora bien, ¿A que se refiere la palabra “buscar”? ¿Es igual a “pedir”?
El Salmo 27:8 dice lo siguiente: “Mi corazón ha dicho de ti (o cuando tu dijiste): Buscad mi rostro. Tu rostro buscare, oh Jehová. No escondas tú rostro de mi”

En la oración del primer nivel (pedir) buscamos las manos de Dios para que El las mueva y nos de su bendición; pero en el segundo nivel (buscar) implica tener un encuentro cara a cara con el Señor. La expresión “buscar su rostro” implica intimidad, “buscar sus manos” simplemente es para saciar mi necesidad.

Dios en este tiempo esta buscando “buscadores de Su rostro” para tener un encuentro íntimo diario espiritual. Lamentablemente no son muchos los creyentes que han avanzado a este segundo nivel y solo se han conformado con el primer nivel de la oración.

Dios nos ha creado a su imagen y semejanza, y esto no se refiere a lo físico sino principalmente a lo moral y espiritual. El quiere que nosotros aquí lo representemos bien, como si fuera El mismo quien estuviera caminando sobre la tierra. Es por eso que creo en nuestro interior “un vacío” o un espacio espiritual que solo puede ser llenado cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador. A partir de ese momento somos hijos e hijas de Dios (Juan 1:12) y podemos tener total comunión intima con El. Por así decirlo, existe en nuestro interior, un deseo “natural” de buscar a Dios. Este deseo lo podemos calificar como apetito espiritual por las cosas del Señor.

Dios también nos creo con apetitos naturales, así como los espirituales. Analizando algunos de los naturales podremos entender los espirituales.

Los apetitos naturales son señales de que en el cuerpo hay vida y salud. No tenemos que esforzarnos para comer o beber, etc, sino que tenemos como un “reloj” interior que nos marca la hora señalada para saciarlos. Una persona sin apetito, es una persona con problemas de salud y poca vitalidad. Espiritualmente sucede lo mismo, pero con una diferencia. En los apetitos naturales uno llega a saciarse y llenarse, pero con los apetitos espirituales nunca existe el hartazgo o la llenura total… siempre uno anhela más.

Leamos a continuación los apetitos naturales y a su vez los compararemos con los apetitos espirituales que Dios ha puesto en el corazón de sus hijos e hijas:

APETITOS NATURALES
1. Sed (agua, jugos, etc)
2. Hambre (alimentos)
3. Apetito sexual

APETITOS ESPIRITUALES
1. Sed del Agua Viva del Espíritu
2. Hambre de la Presencia de Dios
3. Intimidad espiritual con el Señor

La única diferencia entre el apetito natural y el espiritual es que en el espiritual yo debo crear el espacio y hacer mi parte para que ellos se mantengan activos. La pasividad en la vida cristiana sólo me puede conducir a la sequía y muerte espiritual. Como cristianos, cada día debo hacer tres cosas para mantener e incrementar mis apetitos espirituales:

• Decisión de querer ir a orar para encontrarme con Dios;
• Determinación para saber cuáles son los pasos correctos y efectivos para buscar a Dios;
• Vencer los obstáculos que intentarán impedir que busque a Dios cada día.

LA NECESIDAD ESPIRITUAL DEL CREYENTE EN CRISTO
Dios ha formado al ser humano en forma tripartita (tres partes): Espíritu, alma y cuerpo. Cada parte tiene una necesidad específica espiritual que puede ser saciada sólo en la búsqueda del Señor en oración.

El Salmo 63:1 dice:
“Dios, Dios mío eres tu, de madrugada te buscare. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela.”

Isaías 26:9 dice:
“Con mi alma te he deseado toda la noche y en tanto que me dure el Espíritu dentro de mi, madrugaré a buscarte.”

De estos dos pasajes aprendemos:

1. Nuestra Carne (cuerpo) anhela, tiene hambre de Dios
2. Nuestra Alma tiene sed de Dios
3. Nuestro Espíritu le busca, desea intimidad con Dios

COMO ABRIR EL APETITO ESPIRITUAL POR LA PRESENCIA DE DIOS
Cuando una persona no tiene apetito y va al médico, generalmente le recetarán ciertas vitaminas para abrir nuevamente el apetito. A continuación veamos algunas de las “vitaminas” que nuestro Padre Celestial nos ha recetado en Su Palabra para abrir nuestro apetito espiritual:

1. Limpieza Espiritual
“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quien estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas Vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.”

Alguien dijo con razón que la vida del creyente es un estado constante de arrepentimiento. Es verdad, a medida que caminamos con Dios y maduramos espiritualmente mas rápido nos damos cuenta de nuestras debilidades, errores y pecados y mas prontamente nos humillamos ante Dios y nos arrepentimos, para que Su sangre preciosa nos limpie de todo pecado (1 Juan 1:9)

2. La Palabra de Dios
Al leer, meditar, estudiar y obedecer la Palabra del Señor cada día, nos vamos vaciando paulatinamente de toda carnalidad y se origina un vacío, que da lugar al apetito por las cosas de Dios. La vida llena del Espíritu Santo es una vida vacía de nosotros mismos. Cuanto mas tenemos de nosotros mismos, menos tendremos del Señor. Amos 8:11 dice:
“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviare hambre a La tierra, no hambre de pan, ni sed de Agua, sino de oír la palabra de Jehová.”

COMO ENTRAR EN LA PRESENCIA DE DIOS PARA BUSCARLE EN ORACIÓN
Para el primer nivel de oración (pedir) no hace falta un proceso, pues es algo inmediato. Automáticamente sale de nuestros labios la petición que tenemos en el corazón. No sucede así para entrar al segundo nivel de la oración, que es buscar. Se requiere un proceso que debemos transitar, paso a paso, lentamente. Es aquí donde muchos cristianos se frustran. Ellos empiezan a orar y a medida que pasan los minutos, sienten que Dios está todavía lejos de ellos, les cuesta concentrarse y pensar en el Señor, tienen todo tipo de obstáculos que les hace detenerse y pensar que así no se puede orar.

Por muchos años viví frustrado como cristiano en esta área, porque cuando empezaba a orar, yo creía que inmediatamente ya sentiría la presencia de Dios y alcanzaría un éxtasis espiritual de bendición, ¡pero no era así, sino todo lo contrario! Eso me llevaba a empezar a orar pero a detenerme en los próximos minutos frustrado.

Si no entendemos la “mecánica” de cómo entrar en la presencia de Dios nunca llegaremos a experimentar verdaderamente Su gloriosa presencia. Para entrar en la presencia de Dios existen 3 etapas, las cuales podemos compararlas con el diseño del Tabernáculo de Moisés explicado en el Antiguo Testamento: El atrio, el lugar Santo y el lugar Santísimo.

Antes aprendimos que:

1. Nuestra Carne (cuerpo) anhela, tiene hambre de Dios
2. Nuestra Alma tiene sed de Dios
3. Nuestro Espíritu le busca, desea intimidad con Dios

Ahora debemos saber que para entrar a la presencia de Dios debemos atravesar 3 secuencias:

1. Empiezo a orar por la carne que representa el Atrio;
2. Luego continuo orando con mi alma, que representa el lugar Santo;
3. Llego luego al punto máximo, orando con mi espíritu, que
representa el Lugar Santísimo.

Explicaremos a continuación cada una de estas secuencias para que usted empiece a orar y llegue a la presencia de Dio

1. Empiezo a buscar a Dios con mi carne (parte física) en el atrio
Esta es la etapa mas difícil, pues es cuando uno comienza a orar. Aquí hay que vencer muchos obstáculos, como ser: El cansancio, la distracción, la pereza, el sueño, etc. El enemigo utiliza nuestra carne para ponernos trabas e impedir que busquemos a Dios y entremos en Su presencia.

Cuando Usted comience a orar sentirá como que todas estas sensaciones empezarán a operar simultáneamente. ¿Qué es lo que esta sucediendo? Usted está en la primera secuencia para introducirse en la presencia de Dios y es por eso que tiene toda clase de oposición. Esto es algo absolutamente normal, que le pasa a todos los creyentes cuando empiezan a orar. El no saber esto puede frustrar a más de uno, por cierto, pero bendito sea el Señor que usted a partir de hoy ya sabe que al orar, especialmente al principio, no va a sentir nada de la presencia de Dios, sino sólo obstáculos a vencer. Se desata una lucha interior. Dependerá de su decisión de seguir avanzando a la próxima secuencia o detener todo el proceso y quedar frustrado/a.

En esta secuencia uno esta en el “atrio”, donde hay mucho ruido y distracciones. El área de la carne (físico) no es fácil de vencer, pero se puede lograr. En Mateo 26:36-45 leemos algo que le sucedió a Jesús con sus discípulos:
“Entonces llego Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemani, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma esta muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postro sobre su rostro,
orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tu. Vino luego a sus discípulos, y los hallo durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el Espíritu a la verdad esta dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oro por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Vino otra vez y los hallo durmiendo, porque los ojos de ellos están cargados de sueño, y dejándolos, se fue de nuevo, y oro por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad…”

Aquí Jesús dijo una verdad fundamental: Nuestra carne (físico) es débil para orar. Es por eso que no podemos depender de “sentir o no sentir” o “tener ganas o no tener ganas”, pues de ser así nunca empezaríamos a orar.

Al empezar a orar debemos saber de antemano que tenemos que vencer el primer obstáculo para llegar a la presencia de Dios: Nuestra carne. Tenemos que aprender a adiestrar a nuestra carne para que ella se aquiete, es decir se coloque en posición de búsqueda de Dios. Eso únicamente se logra permaneciendo en la oración a pesar de la lucha que se desencadena en mi área física.
La forma exterior de la oración no es lo más importante pero podemos ponernos de rodillas, estar parados, caminando. Lo más importante es estar en una posición donde podamos empezar a buscar a Dios.

IMPORTANTE:
Si uno esta cansado, no es recomendable orar acostado en la cama o en una posición relajada, pues el sueño vendrá inevitablemente. La clave aquí consiste en buscar el lugar menos cómodo para quedarse dormido y permanecer despierto.

¿Como empezar a orar?
Muchos creyentes tienen esta misma inquietud y no saben como empezar a orar. Orar no es un rito religioso sino la manera de hablar con Dios y permitirle que El nos hable a nosotros. Uno debe hablar con Dios como si lo tuviera físicamente al lado nuestro, como si habláramos con nuestro amigo terrenal. No es el contenido de las palabras sino la intención del corazón lo que Dios mira. Uno puede decir mil palabras de la jerga religiosa y en realidad no está diciendo nada importante para Dios. Otro puede quizás dar un simple gemido de angustia y Dios ya entendió el mensaje de pedido de ayuda desesperada.
En el Salmo 100:4-5 se dan algunos parámetros para entrar en la presencia de Dios, que usted puede empezar a practicar:
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanzas; alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su Misericordia, y su verdad por todas las Generaciones.”

La secuencia aquí es clara y sencilla:
• Entrar o empezar con acción de Gracias. Creo que no existe mejor manera que esta para empezar a orar. Darle gracias a Dios por el perdón de mis pecados, por la salvación, por el nuevo día de vida, por mi familia, etc. La acción de gracias, nos ayuda a entrar en la presencia de Dios. Recuerde que a Dios le agradan los hijos agradecidos.

• Luego entramos por los atrios con alabanzas. Aquí ya empieza uno a magnificar a Dios por todo lo que ha hecho, lo que hace y hará por nosotros. Aquí hay ruido de gozo, danza, aplausos, jubilo.

• Luego entramos al lugar Santo y Santísimo con adoración (esto sucederá en el tercer paso, no al principio) Note la progresión hasta llegar a un punto culmine o clímax espiritual. Aquí todo es calmo, silencioso, sólo se escucha el susurro de Dios. Para poder oír un susurro debemos estar atentos y en silencio, pues el ruido no me permite oír lo que Dios me quiere decir.

2. Empiezo a buscar a Dios con mi alma en el Lugar Santo
Una vez que hemos vencido la barrera inicial de nuestra carne (físico), ya estamos en una correcta posición de oración exterior, pero eso no es suficiente. Yo puedo estar de rodillas o en cualquier otra posición de oración, pero mi mente esta volando a miles de millas y mis sentimientos están sintiendo otra cosa, menos la presencia del Espíritu Santo.

En este punto, mientras seguimos orando (recuerde la clave es no parar de orar en ningún momento) tenemos que entrenar a nuestra mente y sentimientos a permanecer concentrados sólo en Dios. Los problemas de la vida, las presiones y dificultades parecieran acrecentarse cuando estamos orando. Uno quiere hablar con Dios, alabarle y adorarle pero aparece en nuestra mente las deudas, las discusiones con el marido, y toda clase de preocupaciones que solo logran frenar la oración. Por otro lado, uno quiere sentir la presencia de Dios pero siente tristeza, angustia, inquietud, nerviosismo, etc., que nos impiden concentrarnos.

Para orar eficazmente tenemos que aprender a ejercitar nuestra mente y nuestros sentimientos para que juntos experimenten la presencia de Dios. Eso no se logra de inmediato pero con paciencia es posible lograrlo. En este punto debo esforzarme para rechazar cualquier pensamiento bueno o malo, decidir centralizar mi mente en el Señor. Usted decide imaginarse mentalmente al Señor sentado en su trono y usted postrado a Sus pies alabándole y adorándole. Esa imagen mental le puede ayudar a eliminar el resto de los pensamientos para que quede el principal. A su vez, usted empieza con sus labios a bendecir a Dios y darle gracias por la paz interior que sólo El puede dar. Al darle la orden verbal a sus sentimientos, estos paulatinamente experimentarán la paz que viene por la presencia del Espíritu Santo. Una vez que su corazón esta establecido con paz, luego vendrá el amor, gozo, etc.
Lo más difícil es romper esta segunda barrera, pero una vez que se ha logrado, la presencia del Espíritu fluye automáticamente, sin esfuerzo.

Muchos dejan de orar en este segundo paso y se frustran pues oraron y no sintieron nada y nunca lograron concentrarse. La clave es permanecer orando a Dios. Usted aunque no sienta nada y aun su mente este desconcentrada, abra su boca y glorifique al Señor, comience a darle gracias por las cosas básicas de la vida, luego comience a alabar y adorar.

Entonces en este punto:
a) Ya hemos roto la barrera de la carne
b) Ya hemos roto la barrera de la mente y los sentimientos
c) Esto dará lugar al fluir del Espíritu Santo, gobernando todo su cuerpo, alma y espíritu.

Siempre se llega a este punto en un proceso de varios minutos. La única oración rápida que se puede hacer es la de pedir, pues las otras llevan varios minutos. ¿Se da cuenta porque no somos personas triunfantes en la oración? No estamos dispuestos a invertir tiempo. Queremos orar 2 minutos y recibir mil bendiciones, pero para conocer a Dios cara a cara tenemos que pagar el precio de invertir el tiempo suficiente para Dios. ¿Cuánto tiempo es necesario? Cada persona decide en Dios cuanto tiempo le brinda a Dios, aunque creo que a mayor búsqueda de Dios, mas tiempo querremos pasar a solas con El. La oración no consiste en orar largamente sino en orar con calidad. Lo que si le aseguro que nadie ha sido un hombre o mujer de oración orando cinco o diez minutos por día. Cuando leemos la historia de grandes hombres y mujeres de Dios del pasado, vemos que ellos vivían empapados de oración más que tener un tiempo de oración.

3. Entrando en la cámara secreta del Señor en el Lugar Santísimo
Una vez superadas las dos barreras anteriores, ya la presencia de Dios esta viva y activa en nuestro cuerpo, alma y espíritu. Es allí donde somos introducidos por fe en la cámara secreta del Rey. Ese no es un lugar ruidoso, sino mas bien silencioso, es un lugar de quietud, sin agitación, es un lugar de romanticismo espiritual donde podemos amar a Dios y ser embriagados de Su Santo amor.
Isaías 30:15 dice:
“Porque así dijo Jehová el Señor, el santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos, en quietud y en confianza será vuestra fortaleza.”

Cuando llegamos a este lugar, somos fortalecidos por Dios en la intimidad de Su presencia. Allí obtenemos por fe:
• Descanso, es decir, recuperación física para enfrentar el día y caminar fieles a Dios
• Reposo, es decir, paz mental y emocional para evitar el stress
• Quietud, es decir, se derrama sobre todo nuestro ser la confianza de que estoy en las manos de Dios y que todo terminara bien
• Confianza, es decir, una fe sobrenatural para ver un futuro mejor en Dios.

¿Se da cuenta por qué es de vital importancia aprender estos pasos para entrar en la presencia de Dios?

Si nos quedamos a medio camino, no solo terminaremos frustrados sino que nos perderemos los beneficios de haber estado cara a cara con el Señor.

No se desanime si todo lo que aquí ha aprendido no funciona en sus primeros intentos. Adiestrar nuestro cuerpo, alma y espíritu para entrar a la presencia de Dios requiere, trabajo, disciplina y perseverancia. Eso si, cuando lo haya logrado, no podrá vivir sin orar de esta manera, pues habrá descubierto “la llave” que abre las puertas de la cámara intima celestial del Rey de Reyes y Señor de Señores.

¿No le parece que ahora (si está en la intimidad de su hogar o lugar privado) es el momento indicado para empezar a practicar
el segundo nivel de la oración, que es buscar a Dios?

clic aquí para ir a la lección #4