¿EROTISMO EN EL MATRIMONIO CRISTIANO?

Debemos reconocer que para muchos cristianos el sexo todavía sigue siendo un tema “tabú”. Lamentablemente, la falsa idea de considerar el sexo como “algo malo, pecaminoso incluso prohibido” ha dado lugar a una generación de cristianos desdichados y frustrados en esta faceta tan importante de la felicidad matrimonial.

Por lo general, los cristianos sienten vergüenza y pudor a la hora de hablar de sexo e incluso del erotismo en la vida matrimonial. Sin embargo, la Biblia dice que cuando Dios creó al hombre y a la mujer “… estaban ambos desnudos y no se avergonzaban” (Génesis 2:22 y 25). Cabe preguntarse por qué Dios quiso dejar registrado en su Palabra que Adán y Eva estaban desnudos y “no se avergonzaban”. Evidentemente, había libertad entre ellos y disfrutaban de su sexualidad sin vergüenza ni culpabilidad.

Pero después apareció la serpiente maligna en acción y todos sabemos cómo siguió la historia. Entró el pecado a la raza humana y la desobediencia del hombre hizo que fueran abiertos sus ojos y supieran que estaban desnudos. Cuando Dios llamó al hombre, Adán le respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”. De modo que estamos en condiciones de afirmar que la vergüenza y el pudor vinieron después de la caída, no antes.

Dios, el creador de sexo, estableció “… dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24 énfasis añadido). Dios bendice la unión matrimonial, no solo en el altar, sino en “la alcoba”. Una clara evidencia de esto es el Cantar de los Cantares, donde Salomón escribió este poema lírico que resalta las virtudes del amor y la relación sexual entre un esposo (el rey) y su esposa, (la sulamita). Si consideramos la inclusión de este libro en el canon bíblico, como un libro inspirado por Dios, podemos afirmar también, sin temor a equivocarnos, que la sexualidad y el erotismo en el matrimonio son bíblicos, y bajo ningún concepto se los debe confundir con pornografía y adulterio.

Para despejar la confusión que abunda en la sociedad, la iglesia debe hablar del sexo desde un punto de vista bíblico y constructivo que descarte toda la morbosidad con la que el mundo se refiere al sexo. Asimismo, es necesario que los cónyuges hablen más de este tema para poder conocer y entender la sexualidad del otro, a fin de satisfacerse y disfrutar mutuamente de esta dádiva de Dios.

Cuando el hombre y la mujer no logran disfrutar de una sana intimidad sexual, se produce una división y surgen inseguridades entre ellos, que el diablo sabe aprovechar muy bien. Sin embargo, en el Cantar de los Cantares, el esposo y la esposa están confiados y seguros de su amor. Ansían estar juntos y disfrutar de las virtudes de la relación sexual sin vergüenza ni pudor.

No dejemos la sexualidad y el erotismo en manos del mundo. Rescatemos el sexo como creación de Dios para disfrutar dentro del matrimonio. Adueñémonos de lo que nos pertenece como cristianos. El sexo es una dádiva de Dios para el ser humano. Un regalo del Creador para su criatura.

Y no lo olvidemos que la buena comunicación en todas las áreas, incluida la sexual, es un ingrediente indispensable para la felicidad matrimonial.

“He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas. He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores” (Cantares 1:15-16).